Mi peor defecto es la cobardía. Me muero de miedo cada dos por tres. Todo me aterra: la nostalgia, el metro, la soledad, la báscula, la distancia, los ascensores, los gritos, que me salpique la cara la comida al salir del microondas, su ausencia, los bajones de azúcar, los nuncas, los siempre, los para siempres. Incluso, de alguna manera, me da miedo la felicidad. O será, simplemente, vértigo?
“Aquel que quiere permanentemente llegar más alto tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. Qué es el vértigo? El miedo a la caída? Pero, por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados”. (Milan Kundera, 'La insoportable levedad del ser').
Y si me lanzo al vacío? Quizá sea la única manera de dejar de tener miedo.


