"Todos queremos que nos encuentren"

lunes, 15 de noviembre de 2010

Sin salir de la cama

A veces muerdo la almohada cuando la madrugada es fría y la soledad me aplasta hasta herirme de gravedad. Muerta de pena. A veces estrujo las sábanas entre mis puños cuando mi cuerpo está caliente y el tuyo me llena de gozo. Muerta de placer. A veces prescindo de la almohada, me quedo con tu pecho, y de las sábanas, tus brazos me rodean para templarme. Me mata el amor. 

Porque soy lo que leo


La Literatura da sentido a nuestras vidas, que, a la vez, dan sentido a la Literatura.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Qué es poesía?

Son las yemas de tus dedos recorriendo mi cuerpo desnudo.

Porque la poesía redime y da sentido a la existencia.

martes, 2 de noviembre de 2010

Si es cuestión de confesar...


Me gustan las fotografías antiguas. Me gusta levantarme por las mañanas y tumbarme un ratito más, en el sofá y abrazada a mi perra. Me gusta Madrid. Me gustan las películas con efecto catarsis. Me gustan los zapatos de tacón. Y las botas militares. Me gusta dormirme entre tus brazos mientras hablamos. Me gusta despertarme en la misma postura y no recordar cuál fue el último tema de conversación. Me gusta Nueva York. Me gusta que mis amigos sean tan altos para parecer una muñeca sobre sus hombros. Me gusta saber que Holly Golightly también tiene días rojos. Me gusta fijarme en esos pequeños detalles que hacen a las personas más grandes. Me gusta Macondo. Me gustan los blancos y los negros. Me gusta ducharme con el agua hirviendo mientras pienso qué canción voy a escuchar mientras me seco el pelo. Me gusta madrugar muchísimo para no hacer nada. Me gusta tu meñique. Me gusta la tortilla de patata. Me gusta Antoine Doinel. Me gusta Lisboa. Me gustan los abuelos que todavía se dan besos, aunque sea con el mentón. Me gusta perderme en un libro y que su historia me persiga después del punto y final. Me gustan las instrucciones de Cortázar. Me gusta la valeriana. "Me gusta contar las palabras y hacerlas bailar para ti". Me gusta mi ombligo. Me gusta el pesimismo de Saramago, porque, sorprendentemente, me ayuda a ser más optimista. Me gusta hablar de ti, aunque ya no estés. Me gusta la cerveza. Me gustan las katanas Hattori Hanzo. Me gusta que me toquen, primero despacio, después con ansia. Me gustan los universos infinitos, donde la ilusión es centesimal. Me gustan los besos con la capacidad de hacer desaparecer todo lo que no sean mis labios. Y los suyos. Me gustan los corsés con ligueros. Me gusta pisar el acelerador más de lo permitido. Me gusta gustar. Me gustas tú. 

miércoles, 27 de octubre de 2010

Miedo y vértigo, y viceversa



Mi peor defecto es la cobardía. Me muero de miedo cada dos por tres. Todo me aterra: la nostalgia, el metro, la soledad, la báscula, la distancia, los ascensores, los gritos, que me salpique la cara la comida al salir del microondas, su ausencia, los bajones de azúcar, los nuncas, los siempre, los para siempres. Incluso, de alguna manera, me da miedo la felicidad. O será, simplemente, vértigo?

“Aquel que quiere permanentemente llegar más alto tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. Qué es el vértigo? El miedo a la caída? Pero, por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados”. (Milan Kundera, 'La insoportable levedad del ser'). 

Y si me lanzo al vacío? Quizá sea la única manera de dejar de tener miedo.

viernes, 22 de octubre de 2010

Del montón

Hace unos días, leyendo 'Cosas que los nietos deberían saber', me encontré con una frase que me clavó las uñas en el corazón: "Una vez te han adiestrado para ser especial, no te sientes cómodo no siéndolo". Ya lo creo que no. Ni siquiera sé si me acostumbraré alguna vez a ser del montón.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Estoy perdida. Eso tiene arreglo?


Perdida entre las páginas de una buena novela. Perdida en mis pensamientos. Perdida en la poesía de Luis García Montero, Mario Benedetti o Pablo Neruda. Perdida con las uñas de color. Perdida en unos 27 años, que no siento míos. Perdida en su risa. Perdida en mi recién estrenada independencia en una casa que se me ha quedado demasiado grande. Perdida en mis adicciones legales. Perdida en mis secretos inconfesables. Perdida entre varias decenas de vestidos. Perdida en sus besos. Y en sus caricias. Perdida por culpa de una vocación que no me merece. Perdida en mi mundo de color de rosa. Perdida en una cama enorme para mi tamaño. Perdida con los ojos de color miel. Perdida en las canciones de Ismael Serrano, Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Nacho Vegas o Iván Ferreiro. Perdida en mi propio ombligo. Perdida con botas de tacón. Perdida en la nostalgia. Perdida con la sonrisa pintada de carmín. Perdida en la esperanza. Perdida en las lágrimas. Perdida en mis caprichos. Perdida en esas cuentas que no me permiten llegar a fin de mes. Perdida entre un millón de palabras hermosas. Perdida con zapatos rojos en un camino de baldosas amarillas. Perdida en la vida aburguesada que me juré que nunca tendría. Perdida en su recuerdo. Perdida en un armario sólo para zapatos. Perdida entre sus piernas. Perdida con un escote demasiado explícito. Perdida en las calles de una ciudad que me fascina. Perdida en el manejo de mis propios sentimientos. Perdida en un sueño.